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EL FENÓMENO DEL BULLYING.

Doctor Alejandro Radchik, 2015

El bullying es un término que pretende describir situaciones
específicas, particularmente en las escuelas, donde un individuo,
caracterizado como líder negativo, molesta y acosa a otro, débil y
susceptible de ser agredido, con el consentimiento implícito o
explícito del resto del grupo, a espaldas de las autoridades
institucionales.

La molestia ocasionada por el victimario suele ser frecuente, “se
agarra a alguien de bajada”, y esto puede ir desde los apodos y la
burla, hasta las amenazas, chantajes, golpes y ataques directos a su
integridad personal. El líder negativo intentará atemorizar al grupo,
logrando así que todos se sometan a él, dándole con ello mayor fuerza. Esperarán tenerlo contento, para no convertirse en su próximavíctima.

Entre las conductas que ocurren en el fenómeno del bullying destacan:
opresión, acoso, chantaje, ultraje, e intimidación entre iguales.

Existe cierta aceptación y consentimiento por parte de los grupos y
también en algunas instituciones de educación superior , a que
algunas de estas características se presenten , “haciéndose de la
vista gorda” o participando de alguna manera, por ejemplo en las
“perradas” o “novatadas” de la universidad, en cuyo caso ocurre una
especie de “rito de iniciación”, similar al que se presenta dentro de
las cárceles o en el ejército.

Extrapolado, el fenómeno del bullying puede ser visto como un acto
terrorista, en el cual un individuo o pequeño grupo segregado,
atemoriza y controla a toda una sociedad con afán de imponer sus
reglas y desafiar a la autoridad. La Humanidad ha sido testigo de
hechos tan violentos como la discriminación o el racismo, que a veces
ocurre entre iguales, como es el caso del Kukux Clan, pero en otros
como lo fue en la Alemania Nazi es lidereado por la misma autoridad,
lo que desencadenó, en ese caso particular, el Holocausto,
convirtiendo en víctimas a judíos, gitanos, comunistas y otros grupos
que fueron siendo puestos en desventaja, hasta privarles de todos sus
derechos y de sus vidas, intentando, además, atemorizar al resto de la
sociedad, para impedir que el ataque se frenara. Aquel que se
atreviera a manifestarse en contra de los ataques, sería juzgado y
sentenciado a muerte y su destino sería el mismo de aquellos a los que
hubiera osado tratar de defender.

Si pensamos en un significado literal, la palabra bullying la
podríamos traducir como “toreando”. La tauromaquia puede ser
entendida, por el lado de los aficionados, como un arte, mientras que
otros la ven como un acto salvaje e injusto hacia el animal. Sin
embargo, vale destacar que la analogía con el toreo tendrá que ver
con algunas similitudes, pero también habrá diferencias significativas
entre ambas actividades.

No es comparable la conducta de los niños con una corrida de toros, y
sin embargo es cierto que a la víctima, como al toro se le, pica,
se le provoca. Durante una corrida, el toro recibirá estímulos
agresivos para que reaccione y entonces el torero muestre sus
habilidades. La víctima, en el caso del bullying, va a ser tratada
como el toro al que se le va a picar para que el victimario demuestre,
ante toda la plaza-grupo de la escuela, sus grandes dotes. Recordemos
que si el toro sale “bravo”, la corrida será mejor.

El torero no recibe méritos frente a un toro manso.

Sin embargo, resulta más igualitaria la relación entre el toro y el
torero que la del victimario con su víctima. Cuando el torero está en
el ruedo, se está jugando la vida, y si bien alguien morirá, podrá
ser el toro, pero también podría ser el torero. El agresor, en el caso
del bullying, no se arriesga como lo hace el torero; a pesar de
molestar a alguien de sus “iguales”, de sus “pares”, escoge al
indefenso y lo chantajea, lo ultraja.

En un duelo de espadas, las posibilidades entre los contrincantes son
más parejas que si de repente un delincuente nos amenaza con una
pistola. En este último caso nos someteremos, pero no al delincuente,
sino al arma que porta. Si pierde el arma, entonces él es quien queda
en desventaja.

Para comprender lo que ocurre durante el fenómeno del bullying, es
importante destacar que son tres quienes participan en él:

1. El victimario

2. La víctima

3. El grupo

Simultáneamente, el entorno jugará un papel fundamental, es decir, la
escuela por una parte y la familia por la otra.

En el caso de no existir alguno de los participantes, el fenómeno como
tal no se presenta. A veces ocurre de forma manifiesta, y en otras
se encontrará latente hasta que se den ciertas condiciones y será
entonces cuando aparecerá. Los tres participantes tendrán
características específicas que los diferencian entre sí, y al mismo
tiempo compartirán otras, lo que hace del fenómeno una interrelación.

1. El victimario:

 

Generalmente, se trata de un líder negativo que pretende demostrar
poder ante los demás, actúa, intimidando a su víctima. Es un
delincuente en potencia.

Su personalidad puede caer, en la mayoría de los casos, en un perfil
de tipo sociopático, paranoico, o una combinación de ambos.

El sociópata es aquel que busca satisfacer sus deseos agresivos  sin
sentir culpa, sin tener empatía con el otro, sin “tentarse el
corazón”. Conoce las reglas sociales e institucionales, y con astucia
y habilidad encontrará la manera de esquivarlas.  Usualmente sufre de
un abandono emocional por parte de la familia. A  nivel inconsciente
busca límites, como una manera de compensar ese abandono y de obtener
la atención de la que carece.

El paranoico es aquel que se siente perseguido y continuamente elabora
en su mente delirios de persecución. Ataca en defensa propia,
asumiendo que se tiene que adelantar a las agresiones que
“seguramente” provendrán del mundo externo. Ello lo convierte en
acosador. Ante sí mismo, justifica su conducta.

Ejemplo de ello son los casos en los que un sujeto, enfermo de celos,
somete y acosa a su pareja  con interrogatorios interminables,
insultos y golpes, incapaz de convencerse de la negativa de
infidelidad que él afirma hizo la pareja. O aquellos tan sonados casos
del “macho golpeador” que considera que golpear a su esposa le va a
garantizar el sometimiento de ella  para que no lo ataque ni lo
abandone.

El paranoico utilizará estrategias para mantener el control y
atemorizar a los demás, colocándose así en una posición de poderoso.
Entre sus lemas se cuentan el “divide y vencerás”, y también el de “o
estás conmigo o estás en mi contra”.

El victimario vé en su víctima a un ser vulnerable, portador de un
defecto que ya sea que el agresor también tiene, y lo quiere esconder,
o que teme pudiera aparecer. Es algo así como “ver la paja en el ojo
ajeno”.

Al atacar al débil, pretende deshacerse de esas deficiencias propias
que, o bien reconoce en sí mismo que las tiene y no las admite
públicamente, o, a nivel inconsciente, sabe que las tiene,  pero
protege a su parte consciente para evitar  enterarse que sufre de algo
similar.  En otras ocasiones, un aspecto envidiado que posee la
víctima,  en esencia relacionado con la sobreprotección, es atacado y
devaluado por el victimario, y entonces, al convertir ese rasgo y a
esa persona en alguien “despreciable”, negará su propia envidia y el
deseo de poseer aquello que consciente o inconscientemente tanto
desea.

A menudo observamos fuertes carencias emocionales en los victimarios,
que les hacen tener conductas extremas como un intento de obtener
satisfacción. A toda costa, esperan una respuesta por parte de los
demás. Pretenden aparecer como héroes. Se convierten en los portavoces
de las angustias del grupo, y son ellos quienes las descargan sobre un
individuo del mismo grupo.

En varias ocasiones se ha podido observar que los victimarios de
bullying, han sido víctimas de acoso o abuso sexual, y de ahí que
venga un deseo de desquite , que harán sobre alguien, que aunque
aparentemente es igual a ellos, lo convertirán sometido como lo fueron
ellos mismos por parte del abusador..

2. La víctima:

Cualquiera puede convertirse en cierto momento en víctima en el caso
del bullying. El chantaje que el victimario hace sobre el grupo
provoca que aquel que se salga de la “línea” que el agresor dicta, se
vuelve susceptible de convertirse en el siguiente oprimido. La víctima
es, en sí, el “chivo expiatorio”.

Sin embargo, ciertas situaciones y rasgos de personalidad hacen que
algunos sujetos estén en mayor desventaja y por tanto tengan mayor
riesgo que otros.

La dificultad para la adaptación social, el hecho de ingresar en un
grupo ya formado, o la proveniencia de una cultura diferente a la que
predomina en la mayoría, es uno de los factores que contribuyen. Otros
factores dependen de la personalidad.

Sobre esto último, cabe destacar tres posibilidades fundamentales:

Personalidad esquizoide, personalidad depresiva, y personalidad
paranoica, siendo esta última, muy semejante a la que puede presentar
el victimario.

La personalidad esquizoide se caracteriza por un constante temor ante
el mundo en general, incapacidad de adaptación y dificultad para
comprender el entorno. El esquizoide imita, obedece y carece de una
identidad definida. Los adultos esquizoides relatan, al contar la
historia de su vida, que de chicos siempre fueron molestados por el
grupo o por alguno de sus integrantes. Carecen de mecanismos para
defenderse y de ahí que se vuelvan presa fácil de sus agresores.

La personalidad depresiva se caracteriza por sentimientos de
minusvalía, desinterés, tristeza y apatía. Quienes sufren de depresión
no sólo no tienen interés de defenderse, sino que viven los ataques
como si fueran una confirmación que la propia teoría que ellos tienen
sobre sí mismos:; que consiste en sentir están defectuosos, que no
“sirven”, que no valen, que no le importan a nadie. En estos casos, la
víctima de bullying pareciera volverse cómplice de su victimario, de
tal forma que ambos, el otro y él, atacan simultáneamente al propio
sujeto.

Tanto la personalidad esquizoide como la depresiva, pueden implicar
que la víctima presente conductas similares a las del síndrome de
Estocolmo, en el cual el agredido se “encariña” con  sus agresores y
les vive agradecido, ya que, teniendo la potencialidad de matarlo, “le
perdonaron la vida”..

La personalidad paranoide, como ocurre también con los victimarios,
implica que el sujeto, consciente o inconscientemente, pretende
agredir en defensa propia. En estos casos, la propia víctima
“molesta”, de manera sutil, al victimario y al entorno. Ataca de
manera pasivo-agresiva, metiendo intrigas, chismes, y dejando en
evidencia la agresión del otro.
Por ejemplo, aquellas mujeres que permiten que su pareja les pegue,
que las maltrate, y se muestran ante el mundo como víctimas . Cuando
su personalidad es paranoide, obtienen “como premio” el ser
consideradas “pobrecitas”, a veces “santas”, y prefieren eso en vez de
poner límites e impedir esa agresión.

En este ejemplo habría que tener claro que no se trate de  una
personalidad depresiva o esquizoide en el caso de ellas, porque de ser
así estaríamos hablando de una imposibilidad para justamente poner
esos límites y no de una elección.  Sin embargo, en otros casos, en
los de la personalidad paranoide, ellas  sí cuentan con las
herramientas para evitar la agresión y no lo hacen. El mundo está de
su lado, odiarán al otro, pero se van a compadecer de ellas.

Similar es el caso de aquellas familias en la que el padre golpeador
amenaza a la familia entera, sin que la madre haga algo por impedirlo.
El es agresivo, nadie lo pone en duda, pero y ella, ¿ por qué lo
permite?

Una chica que es maestra, y que contínuamente ha sido rechazada por la
mayoría del cuerpo docente de su institución, sin motivo aparente,
contínuamente, a través de una pregunta o comentario “inocente” de su
parte  pone a competir a todos los demás entre sí, los evidencia en
sus puntos débiles. Si la atacan directamente o le reclaman, ella solo
dice:

“yo solo pregunté porque tenía la duda, tengo menos tiempo acá que
ustedes…”. La sutilidad con la que se maneja, la aparente inocencia,
refuerza su posición de víctima y no de agresora cuando en el fondo lo
que está buscando, tal vez a nivel inconsciente, tal vez consciente,
es dividir al grupo y ponerlos a pelear entre ellos para que no la
ataquen a ella..

Las víctimas del bullying son  generalmente sobreprotegidas en su
ambiente familiar. Ello desata envidia del victimario, quien
usualmente ha sido abandonado emocionalmente. También, impide que la
propia persona desarrolle herramientas con las cuáles defenderse, pues
en su vida, todo se lo han resuelto. Esa sobreprotección le hace
sentir que no puede sola con la vida. Así como el agresor, la víctima
busca también aceptación, llamar la atención, aún cuando para ello
pague el precio de ser atacada y expuesta.

3. El grupo:

Ante el fenómeno del bullying, el grupo hace las veces del público en
la plaza de toros, quien elogiará o abucheará al toro o al torero. El
victimario y la víctima representarán para el grupo, aspectos que
todos los integrantes, a nivel individual, pueden percibir en sí
mismos pero que no lo reconocen. Por tal motivo, el hecho de someterse
a las “reglas” del agresor fungirá como una especie de “seguro”, que
esconderá las   limitaciones y defectos de cada uno de sus
integrantes. Al convertirse en cómplices del victimario, disfrazan sus
propias inseguridades.

Algunos integrantes del grupo serán más empáticos con el agresor,
otros con la víctima. Los primeros, aprovechan que el agresor sea
quien cometa los actos y ellos, como participantes, gozarán al
descargar su agresión cómodamente, “sin tener que meter las manos”.

Quienes son empáticos con la víctima, difícilmente se atreverán a
defenderla, porque se perciben como minoría y porque no quieren ser
tratados de la misma manera. De ahí que su sometimiento sea una forma
de protegerse para no convertirse en el siguiente blanco de ataque.

Una película, cuyo nombre en español fue el de “acusados”, relata este
fenómeno. Una chica llega a un bar de puros hombres, alcoholizados, y
los empieza a provocar sexualmente. Intensifica el acercamiento sexual
con uno de ellos hasta que en cierto momento  le pide que se detenga.
El sujeto continúa, apoyado además por el resto del grupo quien “le
echa porras”.

Tras ser violada por varios de ellos, los denuncia e inicia un proceso
en el cual se les va a juzgar. Parte de la trama de la película
implica el cuestionamiento respecto a la culpabilidad que tuvieron
aquellos que, sin violarla, estuvieron presentes pero no hicieron  el
intento de impedir que se perpetrara el ataque.

Esta película nos sirve de ejemplo para entender que en los fenómenos
como el bullying, que implican  ataques, acoso e intimidación,
participa el grupo, junto con el victimario y  existe además  un grado
de responsabilidad por el lado de la propia víctima. Acaso falló el
juicio de realidad en ella, al no pensar que si el bar era de puros
hombres “borrachos” y ella los provocaba sexualmente, pudiera ocurrir
lo que ocurrió?

La familia:

El fenómeno del bullying sucede  dentro de la institución escolar. Sin
embargo, los antecedentes familiares son susceptibles de repetirse o
de compensarse en la escuela, que  se presta como  escenario   para
representar  por una parte  a los iguales compañeros como
representantes de los hermanos, y a  las autoridades
institucionales-maestros-directivos como representantes de los padres.

El victimario ataca a espaldas de los maestros, y si es descubierto
niega sus actos o pone pretextos. Escenifica el abandono que vive en
su familia, a la vez que busca le sean puestos límites por parte  de
los padres-institución.

 

Ante el grupo, la conducta del victimario se muestra también como un
desafío hacia la institución, pretendiendo demostrar su ineficiencia
para poder  contener sus ataques, que es, en última instancia, el
intento por representar en el escenario de la escuela la  ineficiencia
que percibe de sus padres. La víctima, que como vimos, usualmente es
sobreprotegida en la casa, al no atreverse a denunciar ante las
autoridades escolares, pretende también demostrar el abandono
subyacente a la sobreprotección de la que fue objeto, digamos: “Por
más que hagan mis padres, no son capaces de cuidarme lo suficiente”.

En muchos casos, es tan abierta la comunicación en casa, que lejos de
beneficiar lo que hace es  denotar abandono emocional y dificultad por
parte de los padres para fungir como contenedores de la angustia de
sus hijos. Hay casospor ejemplo, en que oimos de los padres la frase:
“yo soy el mejor amigo de mi hijo, quiero que vea en mi a un amigo, no
a un padre”. Grave error. Los amigos se buscan fuera de casa,  pero a
los padres se les necesita como tal..

La escuela:

El escenario donde se lleva a cabo el bullying es la escuela. Sin
embargo, lo que ocurre es que se crea un submundo, clandestino,
paralelo, cuasi-paramilitar, con reglas diferentes, que se esconde de
las autoridades escolares. La institución en sí misma se vuelve
víctima de esta extorsión. Parafraseando el término suburbano llamaré
al fenómeno  ”subescolar” , ya que, en el momento de confrontar al
grupo, al victimario o a la propia víctima,  la escuela se encontrará
la respuesta de “no, aquí no pasa nada”.

Si no se denuncia el delito, ¿hay delito qué perseguir?. En el caso
que sea denunciado, que se cuente con evidencias, la problemática que
surgirá es: Si se castiga al victimario, se logrará frenarlo o
perpetrará ataques más fuertes?. Si desafía a la institución, ésta,
¿pierde fuerza? ¿se convierte en lucha de fuerzas?

Soluciones:

El fenómeno del bullying es sumamente serio y debe ser confrontado y
atendido desde el momento en que se detecte. No tratarlo puede poner
en riesgo a la víctima, al grupo, a la familia y a la propia
institución, y además desencadenar a futuro brotes de delincuencia.
Afrontarlo es difícil, pues  no existe una solución contundente ante
la problemática descrita.

Ante todo, es importante detectarlo. Los maestros, las autoridades
institucionales, los padres, los propios compañeros, y evidentemente
la víctima, deberán informar lo que está sucediendo para entonces, a
través de una interacción, tomar “cartas en el asunto”.

Si se observa una conducta extraña dentro del grupo, o éste se vuelve
desafiante, o algún alumno se vuelve introvertido o temeroso, habrá un
primer indicio. Si en la casa el chico manifiesta temor para asistir a
la escuela, se le ve maltratado o angustiado, o se vuelve retraido e
inseguro, hay que explorar qué está sucediendo. Si los chicos en casa
platican que en su grupo alguien está siendo molestado, será ahí donde
aparece ese primer indicio.

A continuación  se deberá hacer una exploración a fondo de lo que
sucede, enterando a los demás padres, y a la institución.

Con la víctima, se tendrá que platicar, y sugerirle que practique lo
que va a decir en caso de volver a ser atacado. Si lo ensaya en casa,
se sentirá más seguro. Habrá que explicarle que no debe “seguirle el
juego” al victimario, ni mostrarle temor. Para bailar se necesitan
dos, el agresor obtiene un goce ante la reacción de su víctima. Hay
que evitarlo.

Es importante generar un ambiente de confianza tanto en la casa como
en la propia escuela. Hay que convencer tanto a la víctima como al
grupo, que no hay que mostrarle miedo al intimidador.

Al victimario no hay que seguirle el juego, Habrá que pedirle al grupo
que no apoye al agresor con risas ni complicidades, y a la víctima que
no esté sola, que procure crear y pertenecer a  un que subgrupo la
contenga y se haga una cohesión para que la defensa sea mayor.

Las familias, tanto de la víctima como del victimario, deben tener
contacto con la escuela y trabajar juntos la problemática.

Es muy importante alertar a la familia del victimario que su hijo es
un delincuente en potencia y requiere los cuidados y la atención
necesarias, para evitar que al crecer presente conductas más graves. A
los padres de la víctima habrá que asesorarlos también, para detener
el acoso y para evitarle al chico problemas futuros en relación con su
autoestima.

Es importante, que por parte de la  escuela, se aborde abiertamente el
problema del bullying  con los alumnos y procurar hacer lo mismo en
casa: llevar a cabo ejercicios dentro de los salones, donde se
expliquen los problemas raciales, donde se hable de terrorismo, y
luego se ejemplifiquen los problemas del entorno con lo que pasa o
podría pasar dentro de la escuela y del salón de clases.

 

Puede ser de gran utilidad que a través de los ejercicios que se
lleven a cabo, se busque desarrollar la empátía en los niños. Empezar
por ejemplo con el cuento del patito feo,  seguir con historias de
discriminación, y pedirles luego que imaginen que eso le pasó al
protagonista, también le ocurrió a alguien que quieren mucho, digamos
algún hermano, o que eso mismo pudo haberle  pasado a su mamá, su
papá, o sus abuelitos cuando eran niños.

No olvidemos que una vez instaurado el bullying, al chivo expiatorio
lo van a ver como el defectuoso, y solamente, si se conectan con él de
manera empática, si se “ponen en sus zapatos”, o “ponen en sus
zapatos” a una persona que quieran mucho, es que  cambiará su actitud.

Hacia el victimario, también habrá que intentar que desarrolle
empatía, y tratar que el grupo, y el mismo agresor, reconozca sus
limitaciones y sus temores, e intentar que ni la familia ni la
institución actúe hacia él  el rechazo que pareciera estar buscando
provocar en la autoridad.

Si el bullying no se puede detener, puede resultar de utilidad la
participación de un experto para hacer una intervención dentro del
grupo, en la que le demuestre a cada uno de sus integrantes, el rol
que está jugando como parte de un total, es decir, como si el grupo en
sí fuera una persona y cada integrante representara un rasgo de
personalidad. En otras palabras, que se intente buscar que los niños
descubran cómo el victimario representa la parte atacante de ellos
mismos, y la víctima la parte defectuosa de ellos mismos.
Simultáneamente, tanto la víctima como el victimario, y en su caso las
familias, se podrán ver beneficiadas si recurren a una ayuda
psicológica, que oriente a los padres y eleve la autoestima de los
niños.

De acuerdo a la experiencia de muchas instituciones educativas, el
castigo institucional no es la solución, y en muchos casos resulta
contraproducente. En cambio, la instauración de unas reglas de
disciplina claras, donde además se pueda denunciar cualquier anomalía,
ofrecen tanto al victimario, como a la víctima y al grupo, un ambiente
contenedor y de confianza.

Expresidente de la Sociedad Psicoanalítica de México

Psicoanalista titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de
México y de la Asociación Psicoanalítica Internacional

Doctor en Investigación Psicoanalítica

Maestro en Psicología Clínica

Profesor del Instituto de Estudios de Posgrado en Psicoanálisis y
Psicoterapia, de la Universidad Iberoamericana y de otras
instituciones educativas

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