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Lugar del tiempo.

Doctor Alejandro Radchik, 2016

“Hoy es el mañana del ayer”

Hablar de espacios implica la consideración de dimensiones. Largo, ancho y profundidad, son las tres primeras. La cuarta dimensión, es el Tiempo. Los hechos ocurren en un determinado lugar (tres dimensiones), en un momento determinado (cuarta dimensión).

Si se encuentran algunos elementos sobre un plano, éstos estarán en un espacio unidimensional. Los elementos que ocupan un espacio estarán en un espacio tridimensional.

Los diferentes hechos históricos que han ocurrido en el mundo, han tenido lugar en el mismo espacio, pero en diferentes tiempos. Para que dos cuerpos se unan, tienen que coincidir no solo en el mismo espacio, sino también en el mismo tiempo. “Nuestros tiempos”, son los tiempos en que coincidimos, con vida, los seres humanos que en este momento estamos en el planeta. Son contemporáneos, a un nivel, los bebés recién nacidos y los viejos, pues coinciden con vida en este momento. Un niño de ocho años de una película filmada hace cuarenta años, es hoy un hombre de cuarenta y ocho. Si pensamos en Penélope esperando a Ulises, desconociéndolo cuando finalmente llegó porque esperaba a un joven y no un anciano, nos resulta claro que ella estaba imposibilitada para concebir el paso del tiempo y sus secuelas.

El tiempo transcurre igual para todos, pobres o ricos, niños o viejos, en el norte o en el sur. Aprovecharlo o desperdiciarlo depende de cada quien, al igual que vivirlo como mucho o como poco, como largo o como corto. A medida que avanza la edad de una persona, se tiende a percibir como más rápido el pasar del tiempo. Es claro que para un niño de seis años, tres años representen la mitad de toda su vida, mientras que ese mismo lapso de tiempo en un adulto, solamente implica un porcentaje corto de su existencia.

 

El tiempo en la mente:

El concepto tiempo, significa: “una sucesión de hechos”;

El inconsciente es atemporal, esto es, que todos los hechos que se encuentran registrados están “como congelados en el tiempo”, así como en una pintura podemos observar que se encuentran una serie de elementos simultáneos.

Por ejemplo, los contenidos en un sueño estarán expresados simultáneamente. Si bien el tiempo se presenta de manera igual para todos y en todos lados, este hecho físico se percibe de diferentes maneras, en particular en la mente de cada quien; por ejemplo, si estamos deprimidos y carentes de motivación, sentiremos que el tiempo transcurre “lentamente”. En cambio si nos encontramos llenos de motivaciones, muy ocupados, tal vez tendremos la percepción de lo “rápido” que se “va el tiempo”.

Establecer contacto con personas y con situaciones que ocurren y están a nuestro alrededor, en “nuestro espacio”, sólo es posible si mentalmente estamos sincronizados con el tiempo que ello implica. ¿Cuántas veces lamentamos alguna oportunidad que dejamos ir? La razón es sencilla: Nuestro tiempo interno no coincidió con el externo. A pesar de que en nuestro espacio y en el tiempo real estaban los elementos necesarios que nos “brindaban” esa oportunidad, no estábamos preparados para ello.

La obra de teatro de Sondheim “Send in the clowns” (“Que manden los payasos”), narra cómo un hombre y una mujer que parecieran hechos “el uno para el otro”, no unen sus vidas porque no coinciden en sus tiempos internos; cuando ella quiere, él no está preparado, y viceversa. De hecho, el título de la obra hace alusión a la búsqueda de distracción por medio de los payasos ante la tragedia interna que viven los personajes.

La gran mayoría de los hombres y mujeres que se lamentan por no tener pareja, porque “no la han encontrado”, suelen estar “des-sincronizadas” con el tiempo externo, pues su pareja potencial existe y seguramente se encuentra en el rango de espacio sobre el que se mueven, aunque internamente no la han podido ver.

La noción del tiempo se va adquiriendo en la etapa anal, cuando se aprende a controlar esfínteres (que deba “hacer” a determinado momento del día, por ejemplo, después de comer).

Es por ello que las personas que presentan dificultad con el manejo del tiempo tienen características de la etapa anal. Por ejemplo, hay quienes han quedado fijados en el dilema “sometimiento-rebeldía”, y entonces son “puntualmente impuntuales” (a propósito llegan 15 minutos tarde, por ejemplo).

Conforme ocurre el proceso de maduración en el Ser Humano. En un primer momento, hay una coexistencia de pasado, presente y futuro, fenómeno llamado atemporalidad: todo se percibe como si ocurriera simultáneamente. Lo que ya pasó, es como si siguiera ahí, y lo que vendrá también.

Este primer momento del tiempo, es también el tiempo del inconsciente. Existe la atemporalidad por ejemplo en los sueños, y por ello pasan simultáneamente situaciones de antes, de ahora y de las que esperamos que sucedan.

Resulta interesante reflexionar en el hecho de que la era posmoderna, es caracterizada por ser atemporal, pues simultáneamente, y como de forma revuelta, aparecen elementos de todas las épocas coexistiendo en una sola.

En los traumas podemos observar que el tiempo ha quedado “congelado”, el momento está cristalizado (como si siguiera ocurriendo).

En todo proceso psicoanalítico se irán presentando las mejoras con el transcurrir del tiempo (de hecho, como en todas las actividades humanas se puede tornar en persecutorio amenazante).

La observación del manejo que hacen algunas sujetos nos puede orientar para saber cómo es su personalidad. Por ejemplo:

-El hecho de “quedar instalado” en el pasado puede estar siendo una señal de un sentimiento de añoranza, (“todo pasado fue mejor”). Seguramente, es el asomo de una personalidad depresiva.

-El hecho de “querer vivir el momento”, y evitar pensamientos pasados nos puede estar revelando que esa persona pudo haber tenido un pasado traumático, que tiene temor a recordar por no deprimirse, teniendo que negar el transcurrir del tiempo, asomando características maníaco-depresivas.

Quienes se la pasan pensando en el futuro, tratando de anticipar los hechos que estén por ocurrir, revelan rasgos obsesivos. De ahí que surjan necesidades de cubrir los “huecos” con palabras insignificantes.

 

Los llamados “pasatiempos”, existen también por lo amenazante que puede convertirse el tiempo, dando lugar a que se manifiesten hechos o ideas indeseables por desagradables.

 

Al principio de la vida no existe la percepción del tiempo, es “como si no importara”. La existencia del pasado y “hoy” y el mañana, no parecen estar en la mente de los bebés humanos.

En un segundo momento, se desarrolla el concepto de antes y después. Sin embargo, ese “antes” puede ser unos instantes previos o varios milenios. Ejemplo de ello es un comentario que hace “Guille”, personaje que representa al hermano pequeño en la tira humorística de “MAFALDA”, quien pregunta a sus padres si ya existía todo lo que hay en el mundo antes de que él naciera, y ante la respuesta afirmativa él se pregunta, “y para qué?”. Para un sujeto determinado, su tiempo ocurre desde que nace hasta que se muere, pero, aunque antes hubiera habido otros, y después los siga habiendo, pareciera, según ese modo de pensar, que no tendrían sentido esos tiempos de antes y los de después.

Un tercer momento es el del tiempo circular, es decir, el día y la noche. Al terminar el día, sabemos que vendrá la noche, que será seguida por un nuevo día, igual que el anterior. Las semanas son también circulares, al igual que las estaciones del año y los comienzos de cada nuevo año.

Existen personas que organizan su vida de manera cíclica, y de hecho así lo refieren. Pasado determinado tiempo, “cierran” el ciclo y vuelven a comenzar. Una chica llamada Pamela, solía establecer un negocio cada dos años. Empezaba con los planes, la ilusión, y lo refería como “el negocio de su vida”. A los seis meses mostraba el máximo entusiasmo. Al año y medio se desilusionaba del todo y hacia el final del segundo año lo cerraba, considerando que era la mejor decisión, y al poco tiempo, volvía a poner otro. Cabe decir que en sus relaciones de pareja ocurría algo similar: conocía a un muchacho, se ilusionaba, se convertía en “el hombre de su vida”, y pasado cierto tiempo venía la desilusión total, hasta que repetía el ciclo con el siguiente. Tuvo que pasar por un proceso intenso dentro de su tratamiento psicoanalítico, para poder superar ese modo cíclico de funcionar. Evidentemente que las dificultades más fuertes durante su psicoanálisis tuvieron que ver con el hecho de que, por manejarse cíclicamente, durante muchos momentos sentía que debía abandonar el tratamiento porque “terminaba un ciclo”.

El cuarto momento del tiempo, es el concepto de tiempo lineal. En otras palabras, el tiempo siempre transcurre hacia adelante. Aquella bella frase de la poesía de Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar, al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”, explica magistralmente cómo el tiempo es siempre progresivo y ante el cual no hay retorno.

Solamente logrando la suficiente madurez, se puede vivir en un tiempo lineal, a pesar de que ese es el único tiempo real. Las neurosis, y en general, todos los trastornos psíquicos, transcurren en los momentos del tiempo anteriores, principalmente el segundo y el tercero, haciendo pretender al sujeto que no habrá ningún movimiento en su vida, regresándolo al punto de partida, repitiendo para no recordar. Es por ello que un adulto con neurosis, es un niño en un cuerpo de adulto, recirculando sus conflictos una y otra vez sin encontrar una salida, la cual implica, inevitablemente, crecer psicológicamente, avanzar y colocarse en el lugar del adulto que le correspondería en la realidad.

Ante el tiempo “lineal”, solemos adoptar conductas paranoides, dado que queda íntimamente relacionado con la muerte; de ahí, la frase sarcástica de que “la vida es una enfermedad mortal”; basándose en el deterioro físico que tienen los organismos biológicos, teniendo que establecer una lucha con el tiempo que “nos queda de vida”.

Es evidente que la conceptualización del tiempo lineal es exclusiva del Hombre, ya que implica la conciencia de muerte. Es por eso que se suele “personificar al tiempo “el tiempo cura todas las heridas”, por ejemplo, haciendo alusión al proceso de duelo y las funciones mentales, en concreto la memoria.

El tiempo lineal inevitablemente nos confronta con la muerte, la propia y la de nuestros seres queridos. Es por ello que los mecanismos inconscientes hacen lo posible por evitarlo, ya que resulta en extremo angustiante. Sin embargo, es justamente la confrontación con la muerte en el tiempo lineal, la motivación principal para que un individuo se desarrolle y efectúe sus distintas actividades. El tiempo se puede desperdiciar, pero si no hay retorno, se tiene que aprovechar.

 

El tiempo en las diferentes manifestaciones artísticas:

Las manifestaciones artísticas, en las que son tradicionalmente la música, pintura, arquitectura, danza, escultura, literatura y a partir del Siglo XX la cinematografía, pueden clasificarse en torno al concepto del tiempo en aquellas que implican un tiempo estático, y las que se expresan en un tiempo dinámico…

En la primera clasificación se encuentran la pintura, la escultura y la arquitectura. En la segunda, la música, la danza y la cinematografía. La literatura implica ambas.

 

En las artes plásticas (pintura, escultura) en las que el tiempo es estático, todo ocurre en un mismo tiempo, en dos planos en la pintura, en tres en la escultura y arquitectura. Sin embargo, en aquellas en las que el tiempo es dinámico, hay un espacio de tiempo delimitado (música, teatro, baile, cinematografía) dentro del cual, ocurrirán de forma subsecuente, distintos acontecimientos y siempre se podrá retornar al punto de partida, haciendo que el espectador se enfrente a un espectáculo de tiempo circular, en el cual podrá esperar momentos específicos que en las manifestaciones artísticas de tiempo estático ocurren simultáneamente. Por ello, suele ocurrir que por ejemplo, valga la redundancia, una obra musical, se escucha con sorpresa la primera vez y las subsecuentes ya con ciertas expectativas placenteras en tanto nos enfrentamos a algo que ya nos es conocido.

En ambos casos, será tanto el creador como el espectador, quienes, de acuerdo con el tiempo lineal y la madurez que van adquiriendo, evolucionen al crear, interpretar o enfrentarse a la obra de arte de distintos modos, de la misma manera que el arte en sí ha venido evolucionando desde un intento de comprender y expresar la naturaleza y el entorno, a expresiones más introspectivas como caracteriza en general el arte del Siglo XX.

 

Algunos ejemplos de los manejos del tiempo que hace el inconsciente; un caso clínico

El inconsciente es por naturaleza atemporal. En otras palabras, coexiste el pasado y el presente, así como los planes futuros. Por este motivo, aquellos pensamientos, sentimientos o acciones que tenemos que son dominadas por el inconsciente (sueños, lapsus, transferencia, actos fallidos o síntomas), pueden responder a motivaciones, ilusiones o temores infantiles aun cuando le ocurran a un adulto.

Por citar un ejemplo, podríamos hablar del miedo a los aviones. Si bien es cierto que al subir a un avión se corre el riesgo que si éste se accidenta el pasajero muera, las posibilidades de que eso suceda son estadísticamente muy bajas. Al mismo tiempo, para el inconsciente el hecho de volar y de transportarse en un aeroplano representa el despegarse de la Madre-Tierra. No es casualidad que el temor más fuerte entre muchos pasajeros con fobia a volar ocurra durante el despegue y el aterrizaje. En tanto la Tierra representa a la madre, si durante el período de separación de la madre (cuando el bebé empieza a gatear y luego a caminar) se percibió que Mamá desaparecería o estaría muy enojada, (pensemos en las madres sobreprotectoras), al repetirse la experiencia durante un vuelo la persona se va a sentir, inconscientemente, como un bebé desprotegido ante una madre enojada porque éste se aleja de ella, y es el mismo inconsciente que piensa que esta última lo castigará por ello. Existe una anécdota que cuentan algunos psicólogos, que podría aclararnos este ejemplo:

Un paciente acudió con un psicoanalista porque tenía miedo a volar y su trabajo le exigía que continuamente se trasladara a distintos países, por lo que su síntoma lo perjudicaba considerablemente. A pesar de hablar poco de su madre, relataba que ésta lo había dejado solo por períodos prolongados de tiempo, en tanto trabajaba todo el día, situación de la que él mismo se culpaba porque decía: “si yo no hubiera nacido, ella no hubiera tenido que trabajar tanto”.

Sin embargo, el paciente no había registrado, a nivel consciente, que se había sentido abandonado por ella. Tras un tiempo considerable de trabajo terapéutico, y haber dejado de temer a los aviones, el especialista anunció a su paciente que se aproximaba la terminación del tratamiento. Unos días después de haber recibido el anuncio, el paciente tuvo que viajar y sufrió una crisis en pleno vuelo. Relató que en el avión donde viajaba se encontraba, “por casualidad”, un “experto en fobias a aviones”, quien lo tranquilizó y le ofreció un tratamiento para “curar” específicamente ese problema. El paciente dijo estar enfurecido con su psicoanalista por haberlo “engañado” todo ese tiempo, aun cuando su enojo le parecía irracional, pues reconocía haber mejorado considerablemente no solo en otros muchos aspectos de su vida, sino también en el miedo mismo a volar.

Lo que el caso ilustra, es el hecho de que la causa del miedo a volar, es decir, la angustia de separación de la madre, representada bajo el símbolo de la Tierra y el avión, se reactivó cuando el psicoanalista anunció la proximidad de terminación de tratamiento. Su propia Madre estaba representada, dentro de su inconsciente, primero en la Tierra y posteriormente en la figura del psicoanalista. Cuando este último, psicoanalista- Tierra-Madre, le anunció la separación, el paciente tuvo una “regresión”, y nuevamente presentó un síntoma que si bien le había resultado incómodo, le brindaba compañía-cercanía con una figura materna sustituta. El inconsciente percibió entonces a esta figura materna sustituta (el psicoanalista), como abandonadora, por tanto “mala”, y por otra parte idealizó a una figura materna sustituta (el experto en fobia a los aviones) como una figura “buena”, que sí estaba ahí.

Vemos entonces cómo un adulto, aunque piense y razone como tal, puede reaccionar como un pequeño niño indefenso y dependiente cuando sus temores son dominados por el inconsciente atemporal.