El Bullying. 2a. parte.

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El victimario, la víctima y el grupo

Para comprender lo que ocurre durante el fenómeno del bullying, es importante destacar que son tres quienes participan en él:

  • 1. El victimario
  • 2. La víctima
  • 3. El grupo

Simultáneamente, el entorno jugará un papel fundamental, es decir, la escuela por una parte y la familia por la otra. En el caso de no existir alguno de los participantes, el fenómeno como tal no se presenta. A veces ocurre de forma manifiesta, y en otras se encontrará latente hasta que se den ciertas condiciones, y será entonces cuando aparecerá. Los tres participantes tendrán características específicas que los diferencian entre sí, y al mismo tiempo compartirán otras, lo que hace del fenómeno una interrelación.

1. El victimario

Generalmente, se trata de un líder negativo que pretende demostrar poder ante los demás y actúa intimidando a su víctima. Es un delincuente en potencia. Su personalidad puede caer, en la mayoría de los casos, en un perfil de tipo sociopático, paranoico, o una combinación de ambos.

El sociópata es aquel que busca satisfacer sus deseos agresivos sin sentir culpa, sin tener empatía con el otro, sin “tentarse el corazón”. Conoce las reglas sociales e institucionales, y con astucia y habilidad, encontrará la manera de esquivarlas. Usualmente sufre de un abandono emocional por parte de la familia. A nivel inconsciente, busca límites como una manera de compensar ese abandono y de obtener la atención de la que carece.

El paranoico es aquel que se siente perseguido y continuamente elabora en su mente delirios de persecución. Ataca en defensa propia, asumiendo que se tiene que adelantar a las agresiones que “seguramente” provendrán del mundo externo. Ello lo convierte en acosador. Ante sí mismo, justifica su conducta.

Como ejemplo están los casos en los que un sujeto, enfermo de celos, somete y acosa a su pareja con interrogatorios interminables, insultos y golpes, incapaz de convencerse de la negativa de infidelidad que él afirma hizo la pareja. O aquellos tan sonados casos del “macho golpeador” que considera que golpear a su esposa le va a garantizar el sometimiento de ella para que no lo ataque ni lo abandone.

El paranoico utilizará estrategias para mantener el control y atemorizar a los demás, colocándose así en una posición de poderoso. Entre sus lemas se cuentan el “divide y vencerás”, y también el de “o estás conmigo o estás en mi contra”.

El victimario ve en su víctima a un ser vulnerable, portador de un defecto que ya sea que el agresor también tiene, y lo quiere esconder, o que teme pudiera aparecer. Es algo así como “ver la paja en el ojo ajeno”.

Al atacar al débil, pretende deshacerse de esas deficiencias propias que, o bien reconoce en sí mismo que las tiene y no las admite públicamente, o, a nivel inconsciente, sabe que las tiene, pero protege a su parte consciente para evitar enterarse que sufre de algo similar. En otras ocasiones, un aspecto envidiado que posee la víctima, en esencia relacionado con la sobreprotección, es atacado y devaluado por el victimario, y entonces, al convertir ese rasgo y a esa persona en alguien “despreciable”, negará su propia envidia y el deseo de poseer aquello que consciente o inconscientemente tanto desea.

A menudo observamos fuertes carencias emocionales en los victimarios, que les hacen tener conductas extremas como un intento de obtener satisfacción. A toda costa, esperan una respuesta por parte de los demás. Pretenden aparecer como héroes. Se convierten en los portavoces de las angustias del grupo, y son ellos quienes las descargan sobre un individuo del mismo grupo.

En varias ocasiones se ha podido observar que los victimarios de bullying han sido víctimas de acoso o abuso sexual, y de ahí que venga un deseo de desquite, que harán sobre alguien, que aunque aparentemente es igual a ellos, lo someterán como lo fueron ellos mismos por parte del abusador.

2. La víctima

Cualquiera puede convertirse en cierto momento en víctima en el caso del bullying. El chantaje que el victimario hace sobre el grupo provoca que aquel que se salga de la “línea” que el agresor dicta, se vuelve susceptible de convertirse en el siguiente oprimido. La víctima es, en sí, el “chivo expiatorio”. Sin embargo, hay ciertas situaciones y rasgos de personalidad que hacen que algunos sujetos estén en mayor desventaja, y por tanto, tengan mayor riesgo que otros.

La dificultad para la adaptación social, el hecho de ingresar en un grupo ya formado, o la proveniencia de una cultura diferente a la que predomina en la mayoría, es uno de los factores que contribuyen. Otros factores dependen de la personalidad.

Sobre esto último, cabe destacar tres posibilidades fundamentales: personalidad esquizoide, personalidad depresiva, y personalidad paranoica, siendo esta última, muy semejante a la que puede presentar el victimario.

La personalidad esquizoide se caracteriza por un constante temor ante el mundo en general, incapacidad de adaptación y dificultad para comprender el entorno. El esquizoide imita, obedece y carece de una identidad definida. Los adultos esquizoides relatan, al contar la historia de su vida, que de chicos siempre fueron molestados por el grupo o por alguno de sus integrantes. Carecen de mecanismos para defenderse y de ahí que se vuelvan presa fácil de sus agresores.

La personalidad depresiva se caracteriza por sentimientos de minusvalía, desinterés, tristeza y apatía. Quienes sufren de depresión no sólo no tienen interés de defenderse, sino que viven los ataques como si fueran una confirmación de la propia teoría que ellos tienen sobre sí mismos: consiste en sentir están defectuosos, que no “sirven”, que no valen, que no le importan a nadie. En estos casos, la víctima de bullying pareciera volverse cómplice de su victimario, de tal forma que ambos, el otro y él, atacan simultáneamente al propio sujeto.

Tanto la personalidad esquizoide como la depresiva, pueden implicar que la víctima presente conductas similares a las del síndrome de Estocolmo, en el cual el agredido se “encariña” con sus agresores y les vive agradecido, ya que, teniendo la potencialidad de matarlo, “le perdonaron la vida”.

La personalidad paranoide, como ocurre también con los victimarios, implica que el sujeto, consciente o inconscientemente, pretende agredir en defensa propia. En estos casos, la propia víctima “molesta”, de manera sutil, al victimario y al entorno. Ataca de manera pasivo-agresiva, metiendo intrigas, chismes, y dejando en evidencia la agresión del otro. Por ejemplo, aquellas mujeres que permiten que su pareja les pegue, que las maltrate, y se muestran ante el mundo como víctimas. Cuando su personalidad es paranoide, obtienen “como premio” el ser consideradas “pobrecitas”, a veces “santas”, y prefieren eso en vez de poner límites e impedir esa agresión.

En este ejemplo habría que tener claro que no se trate de una personalidad depresiva o esquizoide en el caso de ellas, porque de ser así, estaríamos hablando de una imposibilidad para justamente poner esos límites y no de una elección. Sin embargo, en otros casos, en los de la personalidad paranoide, ellas sí cuentan con las herramientas para evitar la agresión y no lo hacen. El mundo está de su lado, odiarán al otro, pero se van a compadecer de ellas.

Similar es el caso de aquellas familias en la que el padre golpeador amenaza a la familia entera, sin que la madre haga algo por impedirlo. Él es agresivo, nadie lo pone en duda, pero y ella, ¿por qué lo permite?

Las víctimas del bullying son generalmente sobreprotegidas en su ambiente familiar. Ello desata envidia del victimario, quien usualmente ha sido abandonado emocionalmente. El victimario busca impedir que la propia persona desarrolle herramientas con las cuáles defenderse, pues en la vida de la víctima, todo se lo han resuelto. Esa sobreprotección le hace sentir que no puede solo con la vida. Así como el agresor, la víctima busca también aceptación, llamar la atención, aun cuando para ello pague el precio de ser atacada y expuesta.

3. El grupo

Ante el fenómeno del bullying, el grupo hace las veces del público en la plaza de toros, ellos elogiarán o abuchearán al toro o al torero. El victimario y la víctima representarán para el grupo, aspectos que todos los integrantes, a nivel individual, pueden percibir en sí mismos pero que no lo reconocen. Por tal motivo, el hecho de someterse a las “reglas” del agresor fungirá como una especie de “seguro”, que esconderá las limitaciones y defectos de cada uno de sus integrantes. Al convertirse en cómplices del victimario, disfrazan sus propias inseguridades.

Algunos integrantes del grupo serán más empáticos con el agresor, otros con la víctima. Los primeros, aprovechan que el agresor sea quien cometa los actos y ellos, como participantes, gozarán al descargar su agresión cómodamente, “sin tener que meter las manos”.

Quienes son empáticos con la víctima, difícilmente se atreverán a defenderla, porque se perciben como minoría y porque no quieren ser tratados de la misma manera. De ahí que su sometimiento sea una forma de protegerse para no convertirse en el siguiente blanco de ataque.

Una película, cuyo nombre en español fue el de “Acusados”, relata este fenómeno. Una chica llega a un bar de puros hombres, alcoholizados, y los empieza a provocar sexualmente. Intensifica el acercamiento sexual con uno de ellos hasta que en cierto momento le pide que se detenga. El sujeto continúa, apoyado además por el resto del grupo quien “le echa porras”. Tras ser violada por varios de ellos, los denuncia e inicia un proceso en el cual se les va a juzgar.

Parte de la trama de la película implica el cuestionamiento respecto a la culpabilidad que tuvieron aquellos que, sin violarla estuvieron presentes, pero no hicieron el intento de impedir que se perpetrara el ataque.

Esta película nos sirve de ejemplo para entender que en los fenómenos como el bullying que implican ataques, acoso e intimidación, participa el grupo junto con el victimario y además existe un grado de responsabilidad por el lado de la propia víctima. ¿Acaso falló el juicio de realidad en ella? Pareciera que ella nunca pensó que, al provocar sexualmente a hombres borrachos, pudiera ocurrir lo que ocurrió.

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

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