Cuentos de hadas e historias fantásticas en el psicoanálisis

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El siguiente texto fue publicado en 1999 en EL PSICOANÁLISIS Y LOS CUENTOS DE HADAS, DlDAC, Boletín del Centro de Didáctica de la Universidad Iberoamericana, México, D.F. .

Alejandro Radchik

Los cuentos de hadas como ayuda para superar eventos traumáticos que ocurren durante el desarrollo. La finalidad del presente trabajo es dar a entender la importancia de los cuentos de hadas en los niños. Se pretende demostrar que las películas El Extraterrestre y Gremlins de Steven Spielberg se apegan a las características de los cuentos de hadas. Asimismo, se plantean las interpretaciones psicoanalíticas de algunos cuentos de hadas y de las películas mencionadas, partiendo de la opinión de Bettelheim, Fromm, Jung y de la teoría psicoanalítica.

Nota introductoria

“El psicoanálisis se creó para que el hombre fuera capaz de aceptar la naturaleza problemática de la vida sin ser vencido por ella o sin ceder a la evasión”: Freud, y afirmó que, “el hombre sólo logra extraer sentido a su existencia luchando valientemente contra lo que parecen abrumadoras fuerzas superiores”.

Este es precisamente el mensaje que los cuentos de hadas transmiten a los niños de diversas formas; que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, como afirma Bruno Bettelheim, “es parte intrínseca de la existencia humana; pero para dominar los obstáculos de manera victoriosa hay que enfrentarse a aquellas privaciones que resultan inesperadas e injustas.

En los cuentos de hadas se plantea un problema existencial. Así el niño ataca los problemas en su forma esencial cuando por una trama compleja confunde las cosas.

El cuento de hadas simplifica cualquier situación. Se definen bien los personajes y los detalles y todas las figuras son típicas en vez de únicas. Utilizan personajes con caracteres diametralmente opuestos, ayudando así a que el niño comprenda la diferencia entre ambos, lo cual se dificultaría si los personajes fueran un retrato fiel de la realidad.

Las polarizaciones de los cuentos de hadas son la base para el logro de identificaciones positivas, ya que con ello se va logrando una comprensión de las diferencias entre las personas, pudiendo así escoger qué tipo de modelo seguirá. Se toman muy en cuenta los conflictos internos que se originan en los impulsos primarios haciendo hincapié en ellos de una manera directa, tal como la necesidad de afecto, el amor por la vida, o el miedo a la muerte. Los cuentos de hadas ofrecen al niño soluciones que están al alcance de su comprensión.

A través de esta exposición se esbozará la importancia que ejercen los cuentos de hadas sobre la educación de los niños poniendo de manifiesto su acción liberadora, esencial para la formación infantil. Los niños son capaces de experimentar los sentimientos de justicia, valentía, amor y fidelidad, como un descubrimiento propio gracias a la identificación que logran con los distintos personajes que protagonizan los cuentos.

Características de los cuentos de hadas

El objetivo de los cuentos de hadas, así como de los mitos, es expresar simbólicamente nuevas situaciones por las que atraviesan los seres humanos, como ceremonias de iniciación, o la superación de obstáculos para lograr una superación emocional.

En los cuentos, se expresa el escenario que responde a las necesidades humanas que se deben resolver. Por medio de la imaginación, toda persona logra vivenciar aquellas situaciones peligrosas que ponen en apuros a los héroes. Uno de los atractivos principales de esta literatura es que se establecen situaciones que normalmente no tienen acceso a la conciencia. Se ofrecen a su vez, modos de solucionarlas, encontrando al mismo tiempo un desenlace feliz. La realización de los deseos se expresa abiertamente. De acuerdo con Bettelheim un cuento de hadas es el producto del contenido común consciente e inconsciente una vez modificado por la mente consciente, no de una persona en particular, sino por el consenso de muchas en cuanto a lo que, según ellas, son problemas humanos universales y a lo que aceptan como soluciones deseables. Esta característica es la que hace precisamente que se cuenten de generación en generación.

“Un cuento se relataba y escuchaba una y otra vez, con gran interés, sólo si reunía las exigencias conscientes e inconsciente s de mucha gente” (1). El lenguaje de los cuentos de hadas es a través de símbolos, representando así el contenido inconsciente. “Su atractivo se dirige a nuestra mente consciente e inconsciente a la vez que a sus tres aspectos, ello, yo y supe rayo así como a las necesidad es del ideal del yo”(2).

El cuento resulta efectivo ya que, en su contenido, los fenómenos psicológicos internos toman cuerpo de manera simbólica. De acuerdo con los seguidores de Jung, los personajes y acontecimientos de estas historias presentan fenómenos psicológicos arquetípicos sugiriendo que en el momento en que las fuerzas inconscientes de personas y razas se vuelven válidas para los lectores, se logra un estadio superior de identidad. “Aunque las cosas que ocurren en los cuentos de hadas sean a menudo improbables quiera. Incluso los encuentros más extraordinarios se narran de modo casual y cotidiano, y el final siempre es feliz” (3).

Es por este motivo que algunas obras encuadradas corno cuentos de hadas no son tal pues la niña de los fósforos y el soldadito de plomo ya que como no tienen un final feliz, no logran transmitir el sentimiento de consuelo característica. Aunque los sucesos dentro de la historia aparezcan como muy graves, los cuentos de hadas son optimistas. Se ofrecen al niño materiales de fantasía que simbólicamente le muestran cómo lograr la autorrealización “garantizándole” un final feliz (4).

“En la infancia, más que en cualquier otra etapa, todo es devenir. Mientras no logremos una mayor seguridad en nosotros mismos, no podremos comprometernos en difíciles luchas psicológicas, sean cuales fueren las posibilidades que en realidad existan”.

Bruno Bettelheim.

Aunque un héroe mítico puede brindar una imagen de desarrollo del superyó, se comporta de manera tan rigurosa que solamente desanima al niño para el intento de integrar su personalidad.

El protagonista del cuento de hadas vive siempre en la Tierra, mientras que el héroe mítico logra la vida eterna en el Cielo. La información transmitida por un cuento de hadas es que, si el héroe no ha muerto, todavía podremos encontrarlo vivo y feliz, proyectando así una existencia grata, común y corriente como el proceso normal de crecimiento. El héroe del cuento de hadas es esencialmente humano, a pesar de que tenga extraordinarias experiencias, quedando establecido que morirá como cualquier ser humano. “Por muy insólitos que sean los sucesos que el héroe del cuento experimenta, no le convertirán en un ser sobrenatural, como ocurriría con el héroe mítico” (5).

Esta condición humana deja ver que son solamente fantasías de las esperanzas y temores de los niños y las tareas a las que se enfrentan, las situaciones que se plantean en los cuentos. Los conflictos que presentan los cuentos son cotidianos; un niño puede sufrir celos y discriminación de sus hermanos como sucede en la Cenicienta o bien puede ser considerado incompetente por su padre, como en el cuento del Espíritu de la botella de los hermanos Grimm, y el héroe del cuento vence los problemas en la Tierra, no mediante una recompensa recibida en el cielo como pasa con los héroes míticos (Hércules, Teseo, etc.)

“El cuento de hadas deja bien sentado que habla de todo el mundo, de gente como nosotros” (6). “Si se cita algún nombre, no se trata de nombres propios, sino generales o descriptivos. En el caso de Hansel y Gretel, el uso de nombres corrientes hace que éstos se conviertan en términos los genéricos aplicables a cualquier niño o niña. Esto se subraya todavía más por el hecho de que en los cuentos de hadas ningún otro personaje tiene nombre, los padres de los protagonistas del cuento permanecen anónimos. Se alude a ellos mediante las palabras padre, madre, madrasta, o bien se les describe como un pobre pescador o un pobre leñador” (6).

“Los héroes de los cuentos, siendo con todo, personas como todas las demás, impresionan al niño cuando compara con ellos su propia pequeñez” (7).

“Los mitos proyectan una personalidad ideal que actúa con las demandas del super yo, mientras que los cuentos de hadas representan una integración del yo que permite una satisfacción adecuada a los deseos del ello”. Así podemos notar que contrasta el pésimo de los mitos y el optimismo de los cuentos de hadas; en los que se responde también a las preguntas de cómo es el mundo en realidad, cómo hay que vivir la vida en él y cómo se puede ser uno mismo en realidad.

En los mitos estas respuestas son concretas, mientras que en los cuentos solamente hay indicaciones; los mensajes que contienen soluciones nunca las dan de manera explícita. El niño puede imaginarse cómo aplicar lo que la historia le muestra sobre la vida y la naturaleza humana. “El cuento avanza de manera similar a como el niño ve y experimenta el mundo; por ello éste resulta tan convincente para él. Pues el cuento lo conforta mucho más que los esfuerzos por consolarlo basados en razonamientos y opiniones adultas” (8).

Un pequeño puede confiar en el contenido de la historia si el mundo que ésta le presenta coincide con el suyo. Serán convincentes aquellas historias cuyos principios subyacentes estén acordes con los procesos normales del pensamiento.

“El pensamiento del niño es de tipo animista, suponiendo que las relaciones con el mundo inanimado son exactamente iguales que las que tiene con el mundo animado de las personas; acaricia el objeto de su agrado tal como haría con su madre; golpea la puerta que se ha cerrado violentamente sobre él. El niño acaricia este objeto porque está convencido de que a esta cosa tan bonita le gusta, como a él, ser mimada; y castiga la puerta porque cree que ésta le ha golpeado con mala intención, deliberadamente.

Tal como Piaget afirma, el pensamiento del niño sigue siendo animista hasta la pubertad” (9). “Para el niño no hay ninguna división clara que separe los objetos de las cosas vivas; y cualquier cosa que tenga vida la tiene igual que nosotros. Si no comprendemos lo que nos dicen las rocas, los árboles y los animales, es porque no armonizamos suficientemente con ellos.

El niño está centrado en sí mismo y espera que los animales le hablen de las cosas que son realmente importantes para él, como sucede en los cuentos de hadas y como él mismo hace con los animales de verdad y de juguete. Puesto que los animales vagan libre y tranquilamente por el mundo, es natural que en los cuentos de hadas estos mismos animales guíen al héroe en sus pesquisas que lo conducen a lugares lejanos” (10).

Tal como dice Jung, el arquetipo de espíritu en forma de animal o ser extraño, siempre aparece en una situación en que se requiere entendimiento, introspección, determinación y planeamiento pero que no pueden expresarse con l s propios recursos. “Al ignorar el niño en qué consiste su existencia, la primera cuestión que surge es ¿Quién soy yo?” Paralelamente a dicha exploración se empieza a plantear su problema de identidad, si examina su imagen en el espejo tiene duda si se trata realmente de él o de un ser igual a él quien está situado detrás. Es a los tres años de edad que el niño se ve enfrentado ya al problema de identidad; cuestionándose quién es él, de dónde viene, cómo empezó el mundo, quién hizo al hombre y a los animales y cuál es la finalidad de la vida.

Estos planteamientos los hace de un modo no abstracto sino tal como le afectan a él. En los cuentos de hadas encuentra respuesta a estas preguntas urgentes haciéndose consciente de ellas sólo a medida que la historia avanza, resultándole sólo convincentes aquellos razonamientos que le son inteligibles en términos de conocimiento y preocupaciones emocionales propias. Si un niño logra aprender que lo que al principio parecía un personaje repulsivo y amenazador puede convertirse en un buen amigo, estará entonces preparado para poder suponer que, un niño extraño al que le teme puede convertirse en un compañero deseable.

“El hecho de creer en la verdad del cuento, le da valor para no dejarse acobardar por la forma en que esta persona extraña se aparece al principio. Cuando recuerda que el héroe de numerosos cuentos triunfa en la vida por atreverse a proteger a una figura aparentemente desagradable, el niño cree que también a él puede sucederle este hecho mágico” (11).

“Cuanto más segura se siente una persona en el mundo, tanto menos necesitará apoyarse en proyecciones infantiles, explicaciones míticas o soluciones de cuentos de hadas para los eternos problemas vitales, y más podrá buscar explicaciones raciona les. Por estas mismas razones, un niño, mientras no esté seguro de si su entorno humano lo protegerá, necesitará creer que existen fuerzas superiores que velen por él, como el hada madrina” (11a).

El don especial de los cuentos de hadas es que deleitan e instruyen al mismo tiempo que actúan en términos que afectan directamente a los niños o al ello del adulto.

En el momento en que estas historias tienen un mayor significado para el niño, el problema más importante que el niño tiene, es poner orden en el caos interno de su mente, de manera que pueda entenderse mejor a sí mismo, lo que debe preceder necesariamente a todo intento de congruencia entre lo que percibe y el mundo externo. Las historias verdaderas acerca del mundo real pueden proporcionar a menudo, una útil e interesante información. No obstante, la manera en que se desarrollan estas historias es tan ajena al modo en que funciona la mente del niño antes de llegar a la pubertad, como lo son a su vez, los acontecimientos sobrenaturales del cuento de hadas respecto al modo en que la mente madura concibe al mundo”.

Una gran ventaja que tiene un cuento sobre los sueños es que el primero tiene una estructura. Consistente que cuenta con un comienzo definido y un argumento que se dirige hacia una solución satisfactoria, y también el contenido del cuento puede correr paralelo a las fantasías íntimas del niño, ya sean éstas edípicas, sádicas, vengativas, de desprecio hacia un progenitor, etc., y que los niños pueden plantear abiertamente, no necesitando esconder sus sentimientos respecto a lo que ocurre en la historia, ni sentir culpa por disfrutar de estos acontecimientos. “Para que el cuento consiga resultados positivos en cuanto a externalización, el niño no debe percibir las pulsiones inconscientes a las que responde cuando hace de las soluciones de la historia las suyas propias.

El cuento empieza cuando el niño se encuentra en un momento de su vida en el que permanecería fijado sin la ayuda de la historia: los sentimientos serían negados, rechazados o degradados, (12), “entonces usando procesos de pensamiento que le son propios, la historia le abre unas espléndidas perspectivas que le permiten superar las sensaciones momentáneas de completa desesperación”.

Para que la historia sea creíble y que su apariencia optimista se pueda integrar a la experiencia que el niño tiene en el mundo, es preciso repetirla muchas veces. Si el niño la escenifica, la puede vivir más real y verdadera.

El niño selecciona entre muchos cuentos aquellos que reflejan su situación interna, sintiendo un punto de apoyo en ellos cuando atraviesa por algún problema complejo. Después de escuchar un cuento repetidas veces y haberlo comprendido logrará sacarle el máximo provecho. Así las asociaciones libres que haga el niño con respecto a la historia le servirán para encontrar su propio significado personal.

Al oír el cuento por vez primera no puede atribuirse el papel de una figura del sexo opuesto. “Se requiere tiempo y una elaboración personal para que una chica pueda identificarse con Jack, en Jack el de las habichuelas mágicas”. “El niño normal empieza a fantasear con algún segmento de la realidad, observando más o menos correctamente, que pueda evocar en él necesidades o ansiedades tan fuertes hasta el punto de verse arrastrado por ellas.

Las cosas, a menudo se confunden en su mente, de tal manera que el niño es totalmente incapaz de ordenarlas. Es necesario un método para que esta incursión en la fantasía nos devuelva a la realidad, no más débiles, sino más fuertes” (l3).

Siguiendo el mismo proceso que la mente infantil, los cuentos de hadas ayudan al niño mostrándole la comprensión que puede surgir de toda esta fantasía. Las historias, así como la imaginación del niño, comienzan de una manera realista: una madre que envía a su hija a visitar a la abuela o bien una pareja que tiene problemas para alimentar a sus hijos.

“El niño que está familiarizado con los cuentos comprende que éstos le hablan en el lenguaje de los símbolos y no en el de la realidad cotidiana”. En el cuento se maneja la idea de que los hechos planteados, así como los personajes y lugares no son reales. Para el niño los acontecimientos reales se vuelven importantes en la medida en que encuentra en ellos el significado simbólico.

Los principios “erase una vez”, o bien “en un lejano país”, nos sugieren que no se trata del aquí y el ahora, sino que cuentan con una deliberada vaguedad, en cuanto a la situación y localización de la historia, simbolizando así la separación del mundo concreto de la realidad cotidiana.

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

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