El bullying. 1a. Parte.

Categorías Escritos, Terapia y análisis0 comentarios

Opresión, acoso, chantaje, ultraje e intimidación entre iguales

Entrega en 4 partes

El fenómeno del bullying puede ser visto como un acto terrorista, en el cual un individuo o pequeño grupo segregado, atemoriza y controla a toda una sociedad con afán de imponer sus reglas y desafiar a la autoridad.

El bullying es un término que pretende describir situaciones específicas, particularmente en las escuelas, donde un individuo, caracterizado como líder negativo, molesta y acosa a otro, débil y susceptible de ser agredido, con el consentimiento implícito o explícito del resto del grupo, a espaldas de las autoridades institucionales.

La molestia ocasionada por el victimario suele ser frecuente, y opera, expresado de forma popular como “agarrar a alguien de bajada”. Esto puede ir desde los apodos y la burla, hasta las amenazas, chantajes, golpes y ataques directos a su integridad personal. El líder negativo intentará atemorizar al grupo, logrando así que todos se sometan a él, dándole con ello mayor fuerza. El grupo esperará tenerlo contento para no convertirse en sus próximas víctimas. Entre las conductas que ocurren en el fenómeno del bullying destacan: opresión, acoso, chantaje, ultraje, e intimidación entre iguales.

También se advierte la existencia de cierta aceptación y consentimiento por parte de los grupos y algunas veces de las propias autoridades de instituciones de educación superior, para que un fenómeno de esta naturaleza se presente: “haciéndose de la vista gorda” o tolerando, por ejemplo, las “perradas” o “novatadas” de las universidades, en cuyo caso ocurre una especie de “rito de iniciación”, similar al que se presenta dentro de las cárceles o en el ejército.

Extrapolado, el fenómeno del bullying puede ser visto como un acto terrorista, en el cual un individuo o pequeño grupo segregado, atemoriza y controla a toda una sociedad con afán de imponer sus reglas y desafiar a la autoridad.

La humanidad ha sido testigo de hechos tan violentos como la discriminación o el racismo, que a veces ocurren entre iguales, como es el caso del Kukux Clan. Pero en otros, también lo fue la Alemania Nazi, lidereado por la misma autoridad y que dio origen al Holocausto con el exterminio de judíos, gitanos, comunistas y otros grupos que fueron siendo puestos en desventaja hasta privarles de todos sus derechos y de sus vidas. Todas las víctimas sirvieron a la Alemania Nazi para atemorizar al mundo. Aquel que se atreviera a manifestarse en contra de los ataques, sería juzgado y sentenciado a muerte y su destino sería el mismo de aquellos a los que hubiera osado tratar de defender.

Si pensamos en un significado literal, la palabra bullying, la podríamos traducir como “toreando”. La tauromaquia puede ser entendida, por el lado de los aficionados, como un arte, mientras que otros la ven como un acto salvaje e injusto hacia el animal. Sin embargo, vale destacar que la analogía con el toreo tendrá que ver con algunas similitudes, pero también habrá diferencias significativas entre ambas actividades.

No es comparable la conducta de los niños con una corrida de toros, y sin embargo, es cierto que a la víctima, como al toro se le pica, se le provoca. Durante una corrida, el toro recibirá estímulos agresivos para que reaccione y entonces el torero muestre sus habilidades. La víctima, en el caso del bullying, va a ser tratada como el toro al que se le va a picar para que el victimario demuestre ante toda la plaza-grupo de la escuela, sus grandes dotes. Recordemos que si el toro sale “bravo”, la corrida será mejor. El torero no recibe méritos frente a un toro manso.

Sin embargo, resulta más igualitaria la relación entre el toro y el torero que la del victimario con su víctima. Cuando el torero está en el ruedo, se está jugando la vida, y si bien alguien morirá, podrá ser el toro, pero también podría ser el torero. El agresor, en el caso del bullying, no se arriesga como lo hace el torero; a pesar de molestar a alguien de sus “iguales”, de sus “pares”. Escoge al indefenso y lo chantajea, lo ultraja.

En un duelo de espadas, las posibilidades entre los contrincantes son más parejas que si de repente un delincuente nos amenaza con una pistola. En este último caso nos someteremos, pero no al delincuente, sino al arma que porta. Si pierde el arma, entonces él es quien queda en desventaja.

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *