El Bullying: 3a Parte

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Familia y escuela

La familia

El fenómeno del bullying es visto dentro de la institución escolar. Sin embargo, hay antecedentes familiares que son susceptibles de repetirse o de compensarse dentro de la escuela. La escuela se presta como el escenario para representar, por una parte, a los iguales compañeros como la figura de los hermanos, y a las autoridades institucionales-maestros-directivos como la figura de los padres.

El victimario ataca a espaldas de los maestros, y si es descubierto niega sus actos o pone pretextos. Escenifica el abandono que vive en su familia, a la vez que busca le sean puestos límites por parte de los padres-institución.

Ante el grupo, la conducta del victimario se muestra también como un desafío hacia la institución, pretendiendo demostrar su ineficiencia para poder contener sus ataques, que es, en última instancia, el intento por representar en el escenario de la escuela la ineficiencia que percibe de sus padres. La víctima, que como vimos usualmente es sobreprotegida en la casa, al no atreverse a denunciar ante las autoridades escolares, pretende también demostrar el abandono subyacente a la sobreprotección de la que fue objeto, digamos: “por más que hagan mis padres, no son capaces de cuidarme lo suficiente”.

En muchos casos, es tan abierta la comunicación en casa, que lejos de beneficiar lo que hace, es denotar abandono emocional y dificultad por parte de los padres para fungir como contenedores de la angustia de sus hijos. Hay frases, por ejemplo, que escuchamos de los padres como: “yo soy el mejor amigo de mi hijo, quiero que vea en mi a un amigo, no a un padre”. Grave error, los amigos se buscan fuera de casa, pero a los padres se les necesita como tales.

La escuela

El escenario donde se lleva a cabo el bullying es la escuela. Sin embargo, lo que ocurre es que se crea un submundo clandestino, paralelo, cuasi-paramilitar, con reglas diferentes que se esconden de sus autoridades. La institución en sí misma se vuelve víctima de esta extorsión. Parafraseando el término suburbano llamaré al fenómeno “subescolar”, ya que en el momento que tiene que confrontar al grupo, al victimario o a la víctima, la escuela encuentra como respuesta “no, aquí no pasa nada”.

Si no se denuncia el delito, ¿hay delito que perseguir? Y en el caso que sea denunciado, que se cuente con evidencias, los dilemas para la autoridad escolar serán : si al castigar al victimario se logrará frenarlo o perpetrará ataques más fuertes; si se desafía a la institución, ésta ¿pierde fuerza? ¿se convierte en lucha de fuerzas?

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

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