Metas y el yo ideal

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Aparentemente, alcanzar las metas nos tendría que conducir a la felicidad.

Las metas son las aspiraciones que tenemos en la vida, aquellos objetivos que nos proponemos a lograr, creyendo que, si los alcanzamos alcanzaremos la felicidad.

Desde luego, que, si carecemos de éstos, no tendremos razones para vivir, como ocurre en la depresión.

¿Paraqué me levanto de la cama y me arreglo si no tengo nada que hacer? Po ello, obviamente la cura la depresión, implica que logremos que el paciente sea capaz de forjarse metas.

Adler propuso que hay que distinguir entre las metas falsa y las verdaderas, siendo que las primeras son un auto engaño, pues si las consiguiera el individuo, se percataría de que no era lo que creía que lo haría feliz, como ocurre en aquellos jóvenes que se ven forzados a elegir un camino profesional, estudiar una carrera, verbigracia, y luego más tarde se dan cuenta que, por haber seguido el camino que decidieron tomar, eso es lo que los ha convertido en profesionistas frustrados.

Es frecuente que los analistas nos enfrentemos con pacientes a los que tendremos que ayudar a cambiar de rumbo y a que no se sientan culpables por ello, mientras sus metas verdaderas son genuinas, valga la redundancia, es decir, que coinciden desde los conscientes e inconscientes.

Finalmente, los tendremos que confrontar para que puedan reconocer que es una falsedad por lo que sienten culpa – y que podrá ser cierto- como que han desperdiciado su dinero y juventud y estudios como para decir que ahora no lo quieren, pero lo real, es que no perdieron, sino que invirtieron su juventud o en sus estudios, tiempo o dinero para poder descubrir lo que querían. Si cambian el rumbo, entonces sí que estarán acercándose a la autorrealización que probablemente, los haría sentir satisfechos

Aparentemente, alcanzar las metas nos tendría que conducir a la felicidad.

Hay una canción vieja que dice: Tres cosas hay en la vida salud, dinero y amor, y quien tenga esas tres cosas, habrá que le dé gracias a Dios ¿acaso no sería suficiente para vivir conformes?

El cuento de lámpara mágica que con al frotarla aparece el genio omnipotente que concede tres deseos, (independientemente del significado psicoanalítico que hacen alusión a la masturbación que concede el orgasmo), en el contexto del alcance de las metas son un ejemplo de cómo podemos hacer patente nuestra frustración por no contar con poderes omnipotentes así.

Si nos detenemos a pensar que literalmente existiera el genio de la lámpara y por tal tuviéramos que pensar detenidamente para estar seguros de no desperdiciar los potenciales deseos y, por tanto, haber tenido la oportunidad de ser felices.

Si nos detenemos a reflexionar, es probable que, en nuestra fantasía, no pediríamos deseos, para no desperdiciar los deseos en banalidades. Pediríamos deseos grandes, por ejemplo: ¿pediríamos al genio el sweater que nos gustó en el aparador? ¿O una suma importante que fuera capaz de solventar la compra de numerosos sweaters? Seguramente nos calificarían de tontos si hubiéramos optado por lo primero.

A esas peticiones que le haríamos al genio de la lámpara, se le denomina ideal del yo. Diferencias entre yo ideal e ideal del yo:

Cuando somos bebés, no conocemos al mundo, nos encontraremos en aquella fase del desarrollo que denomino Freud como narcisismo primario. No nos hace falta nada de nada nos sentimos como si fuéramos dios, no nos habremos percatado de nuestra insignificancia. Freud acuño una frase, your majesty thre baby a este estado, donde todo es grandeza según nosotros. A ese estado se le llama yo ideal, pero, pronto seremos corridos del paraíso

Pronto vendrá la confrontación con la realidad. Atravesaremos por una fase que se conoce como estadio del espejo, que consiste en que el bebé se percata de su imagen contraposición de su madre, aquel ser que de creía un dios todopoderoso. Se da cuenta de que es mucho más chico que la madre y se da cuenta de su insignificancia

Entonces viene la gran depresión porque se ha destruido el yo ideal. Y, para recuperar el estado del yo ideal, habrá que forjar metas, pero ahora ya grandes. Por ejemplo, querer ser el amo del universo, poseer todo el dinero del mundo, convertirme en el más poderos, o el más famoso del mundo, todo ello, para poder sentir de nuevo lo que sentía antes de que se hubiese derrumbado el yo ideal. Y a todos esos grandes anhelos, esos ideales a alcanzar para recuperar al yo ideal, se les nombra ideal del yo.

No es casualidad que se le demonice al impulso del conocimiento (denominado por bien), y se le tema. Por algo dios se enoja de que hubiera acuerdo de lo inevitable cuando Adán probó el fruto prohibido, porque vaya que es frustrante abandonar al yo ideal. Si pensamos en los presidentes de México, que se solía decir que terminaban su periodo de gobernantes “locos”.

Podemos explicar esa “locura”, causada por el hecho de que tenían todo el poder y por tanto todo el control, recordemos es chiste que decía que cuando preguntaba la hora el presidente le respondían, es la hora que desee señor presidente, por ello, era fácil que perdiera el piso el presidente en turno, es decir, que se daban las circunstancias en el mundo externo que promovían una regresión al yo ideal. Yo ideal, en el que suelen colocarse los poderos, por ejemplo, los narcotraficantes o líderes de éstos.

El yo ideal, después el medio con el que se pretende regresar al estado del yo ideal.

Es por ello que tantos individuos recurren a las adicciones buscando esa sensación de bienestar y autosuficiencia que se tiene con mamá cuando se bebe. Poco a poco nos vamos acercando al yo ideal en la medida que avanza la tecnología, por ejemplo, a través del internet tenemos al mundo a nuestro alcance. A través de los controles remoto logramos tener el poder de controlar los aparatos distantes a nosotros.

En la medida que avanza la tecnología nos vamos poniendo regresivos con respecto al proceso del pensar, por ejemplo, vamos perdiendo la tolerancia a la frustración, que caracteriza al proceso primario del pensar, como no tolerar la espera de la respuesta a un email, y ver cómo salió la foto.

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

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