Psicoanálisis a distancia

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Si bien el análisis a distancia es una alternativa para pacientes que tienen que viajar o cambiar su residencia, no hay que perder de vista que representa una separación, y esa separación vendrá acompañada de pérdidas que implican un proceso de duelo.

La práctica del psicoanálisis se suele llevar a cabo siguiendo ciertos criterios: el llamado encuadre, es decir, los parámetros de lugar y hora, que siempre serán los mismos, garantizando la promoción de constancia. Consiste en llevar el encuentro analista- paciente en un consultorio que no cambiará de ubicación, ya que es un espacio definido por el analista, que será siempre igual, es decir nunca cambiando el entorno y la privacidad para que el paciente se pueda explayar y sienta el espacio en donde transcurre la sesión como suyo. Así mismo, se acuerda el contrato analítico mediante las reglas del psicoanálisis: la definición de un horario y el costo que tendrán las sesiones donde se trabajará con las asociaciones libres del paciente y la atención flotante del analista.

Lucas (quien me ha autorizado que recurra al material), inició análisis cuando todavía era estudiante de canto; su carrera prometía cuando empezó el tratamiento, acordamos que nos veríamos en el consultorio cuatro veces a la semana en un determinado horario; hablaría todo lo que se le fuera viniendo a la cabeza y convenimos trabajar bajo las reglas que componen el tratamiento conforme al setting analítico.

Lucas y yo nos dedicamos a hablar al principio de su análisis sobre sus deseos de convertirse en cantante de ópera; era tal su capacidad y tenacidad, que fue escalando para darse a conocer en el ambiente de la ópera en México. Gracias a que concursó en un festival donde había jueces exigentes, obtuvo como premio una beca para continuar con la carrera de canto. Ello tuvo lugar en Norteamérica. Trabajamos entonces en la inminente separación que seguiría una vez que cursara los estudios de la beca.

Al regresar de Norteamérica, platicó que había tenido la oportunidad de conocer a importantes figuras de la ópera, y que en su viaje se enteró cómo se abren camino los cantantes que desean incursionar como tenores: se lanzan al estrellato con los conocimientos de sus estudios previos y se acercan a un representante para ofrecer sus servicios. Para sorpresa nuestra, un representante le explicó a Lucas que pronto lo necesitaría, y así nació su carrera profesional.

Lucas y yo nos encontramos en una encrucijada: pronto tendría que interrumpir su análisis pues se vería obligado a viajar a Norteamérica, cuando aún no era recomendable abandonar las sesiones en ese punto de su vida. Evidentemente, estaba alcanzando sus objetivos pues se presentaban a su alcance sus anhelos de antaño, era como sacarse el premio mayor.

Contrariamente a lo que podríamos suponer, los psicoanalistas sabemos que sacarse el premio mayor de la lotería implica un duelo, ya que la fantasía de que al obtener mucho dinero se puede alcanzar la felicidad es una falacia; el premiado transitará a un lugar desconocido: deberá tomar decisiones sobre su forma de vida, generará sentimientos de envidia por parte de quienes lo rodean o la persecución de otros interesados en su fortuna.

El alcanzar el éxito puede significar convertirse una nueva persona y resulta necesario procesar ese cambio para familiarizarse con un nuevo yo. Lucas tendría que procesar e ir digiriendo esos cambios en su nuevo ser, aprender a dejar de ser estudiante de canto ya que pronto tendría abiertas las puertas de los grandes teatros.

Sí, se avecinaban grandes cambios. Lucas contaría con representantes artísticos y tendría una agenda llena y seguramente admiradores; habría que lidiar con la envidia que generaría su fama; se inflaba su “self”, su sí mismo. Cambiaría su propia familia y su entorno, pero además su lugar de residencia se estaba viendo amenazada, no sabía si se iría a Norteamérica o a Europa. Todo ello ameritaba que no perdiera su análisis.

Usualmente, cuando un paciente se ve obligado a cambiar de residencia, se le sugiere que busque continuar con el proceso analítico con un colega recomendado. Sin embargo, en el caso de Lucas, éste no sabía dónde iba a vivir. Para regocijo nuestro, había conseguido algunos contratos en Europa, y el problema que se nos presentaba era que no tendría un lugar de residencia fijo.

Así, sin lugar y alejado de su país y ahora consolándose como tenor con fama, Lucas necesitaría “tocar base, tocar tierra”. Resultaba imperativo poder continuar con su análisis, y que lo pudiera tener en su idioma y ligado a México. A medida que todo esto iba ocurriendo, trabajamos en el hueco que implicaban todas las pérdidas y la necesidad inminente de finalizar el análisis, y de cómo seguir con el setting analítico.

Fue entonces que resolvimos continuar con las sesiones cuatro veces a la semana; él me llamaría por teléfono en un horario acordado previamente y viable para ambos, calculando que no fuera a tener función, y tal vez, con la flexibilidad de ajustar el horario día con día. Mantendríamos el contrato analítico aún sin encontrarnos en persona, haciendo lo posible, él para mantener las asociaciones libres, y yo, la atención flotante.

Lucas trataría de hablar en privado; me relataría aspectos que yo no podría saber, por ejemplo, si fuera pertinente observar que había cambios en su corte de pelo, en su arreglo personal, si presentaba ciertos movimientos tales como tics nerviosos. Yo en cambio, tendría que agudizar mi modo de escuchar, pondría atención en la modulación de voz. De esa manera, Lucas y yo nos percatamos que, al utilizar el análisis a distancia, estábamos resolviendo el problema que ocasionaba su necesidad de establecer los parámetros a los que nos atendríamos para dar continuidad al proceso analítico.

Para beneplácito nuestro, pudimos constatar las características que algunos autores han descrito como etapas del análisis, al cambiar de residencia y de viajar. Con ello, también se abría una nueva posibilidad para los pacientes con circunstancias semejantes. Es importante resaltar que, si bien el análisis a distancia es una alternativa, no hay que perder de vista que representa una separación, y ésta vendrá acompañada de pérdidas que implican un proceso de duelo que también hay que analizar.

Hoy en día el análisis a distancia abre puertas para volver alcanzable el proceso analítico como he intentado hacer patente, ya sea ante una interrupción necesaria motivada por el cambio de lugar de residencia de la persona o la falta de analistas al alcance del interesado; pero también en el caso de que el analista enferme y se vea incapacitado para asistir al consultorio.

Hay que agregar que las nuevas tecnologías nos permiten ampliar las posibilidades para este ejercicio a distancia, facilitando, por ejemplo, el acceso en tiempo real a la visualización de la persona en su espacio de privacidad.

Ahora bien, es necesario estar conscientes que el análisis a distancia puede promover la aparición de algunas distorsiones al setting analítico. Es posible, por ejemplo, que el paciente evite el encuentro personal y que intente sustituir al consultorio por el teléfono argumentando algún imponderable.

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

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