El bullying: 4ta parte

Categorías Escritos, Principal, Terapia y análisis0 comentarios

Confrontando y atendiendo el bullying

El fenómeno del bullying es sumamente serio y debe ser confrontado y atendido desde el momento en que se detecte. No tratarlo puede poner en riesgo a la víctima, al grupo, a la familia y a la propia institución, y además desencadenar a futuro brotes de delincuencia.

Afrontarlo es difícil, pues no existe una solución contundente ante la problemática descrita. Ante todo, es importante detectarlo. Los maestros, las autoridades institucionales, los padres, los propios compañeros, y evidentemente la víctima, deberán informar lo que está sucediendo para entonces, a través de una interacción, tomar “cartas en el asunto”.

Si se observa una conducta extraña dentro del grupo, o éste se vuelve desafiante, o algún alumno se vuelve introvertido o temeroso, habrá un primer indicio. Si en la casa el chico manifiesta temor para asistir a la escuela, se le ve maltratado o angustiado, o se vuelve retraído e inseguro, hay que explorar qué está sucediendo. Si los chicos en casa platican que en su grupo alguien está siendo molestado, será ahí donde aparece ese primer indicio. Se deberá hacer una exploración a fondo de lo que sucede, enterando a los demás padres, y a la institución.

Con la víctima, se tendrá que platicar, y sugerirle que practique lo que va a decir en caso de volver a ser atacado. Si lo ensaya en casa, se sentirá más seguro. Habrá que explicarle que no debe “seguirle el juego” al victimario, ni mostrarle temor. Para bailar se necesitan dos, el agresor obtiene un goce ante la reacción de su víctima. Hay que evitarlo.

Es importante generar un ambiente de confianza tanto en la casa como en la propia escuela. Hay que convencer tanto a la víctima como al grupo, que no hay que mostrarle miedo al intimidador.

Al victimario no hay que seguirle el juego, Habrá que pedirle al grupo que no apoye al agresor con risas ni complicidades, y a la víctima que no esté sola, que procure crear y pertenecer, aunque el subgrupo la contenga y se haga una cohesión para que la defensa sea mayor.

Las familias, tanto de la víctima como del victimario, deben tener contacto con la escuela y trabajar juntos la problemática.

Es muy importante alertar a la familia del victimario que su hijo es un delincuente en potencia y requiere los cuidados y la atención necesarias, para evitar que al crecer presente conductas más graves. A los padres de la víctima habrá que asesorarlos también, para detener el acoso y para evitarle al chico problemas futuros en relación con su autoestima.

Es importante que, por parte de la escuela, se aborde abiertamente el problema del bullying con los alumnos y procurar hacer lo mismo en casa: llevar a cabo ejercicios dentro de los salones, donde se expliquen los problemas raciales, donde se hable de terrorismo, y luego se ejemplifiquen los problemas del entorno con lo que pasa o podría pasar dentro de la escuela y del salón de clases.

Puede ser de gran utilidad que a través de los ejercicios que se lleven a cabo, se busque desarrollar la empatía en los niños. Empezar por ejemplo con el cuento del patito feo, seguir con historias de discriminación, y pedirles luego que imaginen que eso le pasó al protagonista, también le ocurrió a alguien que quieren mucho, digamos algún hermano, o que eso mismo pudo haberle pasado a su mamá, su papá, o sus abuelitos cuando eran niños.

No olvidemos que una vez instaurado el bullying, al chivo expiatorio lo van a ver como el defectuoso, y solamente, si se conectan con él de manera empática, si se “ponen en sus zapatos”, o “ponen en sus zapatos” a una persona que quieran mucho, es que cambiará su actitud.

Hacia el victimario, también habrá que intentar que desarrolle empatía, y tratar que el grupo, y el mismo agresor, reconozca sus limitaciones y sus temores, e intentar que ni la familia ni la institución actúe hacia él el rechazo que pareciera estar buscando provocar en la autoridad.

Si el bullying no se puede detener, puede resultar de utilidad la participación de un experto para hacer una intervención dentro del grupo, en la que le demuestre a cada uno de sus integrantes, el rol que está jugando como parte de un total, es decir, como si el grupo en sí fuera una persona y cada integrante representara un rasgo de personalidad. En otras palabras, que se intente buscar que los niños descubran cómo el victimario representa la parte atacante de ellos mismos, y la víctima la parte defectuosa de ellos mismos. Simultáneamente, tanto la víctima como el victimario, y en su caso las familias, se podrán ver beneficiadas si recurren a una ayuda psicológica, que oriente a los padres y eleve la autoestima de los niños.

De acuerdo con la experiencia de muchas instituciones educativas, el castigo institucional no es la solución, y en muchos casos resulta contraproducente. En cambio, la instauración de unas reglas de disciplina claras, donde además se pueda denunciar cualquier anomalía, ofrecen tanto al victimario, como a la víctima y al grupo, un ambiente contenedor y de confianza.

Psicólogo por la Universidad Iberoamericana, con maestría en Psicología Clínica en la UNAM. Diplomado como psicoanalista y doctorado en Investigación Psicoanalítica en SPM; cuenta con el grado de Doctor of Counseling Psychology de la Universidad de Newport. Es miembro titular didáctico de la Sociedad Psicoanalítica de México A.C. (SPM).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *